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UNAS LINDAS CHARLITAS DE QUINCHO, Un poco larga pa mi gusto pero suculenta…preparence el cafecito

El aldabonazo que terminó siendo el resultado de las primarias del domingo 14 sumió a toda la clase política en el mutismo. En el kirchnerismo pesó la orden presidencial de no mover la ligustrina y evitar los extremos de triunfalismo; en la oposición el desconcierto al verse todas las formaciones desmanteladas por errores de estrategia que las obligan a disfrazarse ante la fuerza del apoyo que el oficialismo alcanzó en esa megaencuesta que fueron las primarias. Si se dejan engañar por sondeos hechos por teléfono con 400 casos y desde un bar de la Recoleta, ¿cómo no iban a sentirse apabullados por ésta que tuvo 20 millones de casos, reales y cuantificados en las urnas. Pareció por eso una semana sin actividad manifiesta, pero entre cuatro paredes y bajo techo abundaron los quinchos-taller, los quinchos-terapia y los quinchos-hospital para sanar heridas de toda variedad.
Atento a la dimensión de su distrito, Daniel Scioli montó su quincho-taller el jueves en el comedor de la residencia de la gobernación en La Plata, adonde desplegó mapas y planillas de resultados ante todo su gabinete con una orden que cree de cumplimiento posible: remontar la diferencia en distritos en donde tuvo menos votos. Explicó que había ganado en 123 de los 135 distritos de Buenos Aires, que hay algunos de previsible dureza como San Isidro y Vicente López, pero que se puede trabajar sobre el resto del interior ante una oposición que ha quedado inerme por la separación de hecho -el divorcio sale después del 23 de octubre- de la alianza Alfonsín-De Narváez. «Hay intendentes radicales que están pidiendo turno para sacarse fotos con vos», le adelantaron. Señaló a dos baqueanos para que mejoren las cifras en la elección de octubre para llegar, con votos propios, al mágico número del 50% (los que muestra el escrutinio provisorio suman los propios y los de Mario Ishii, que nadie cree migren a otro lado, y menos aún hacia el sabbatellismo): son el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, y el ministro de Gobierno, Eduardo Camaño, hombre que se hizo en el duhaldismo más rancio y que tiene, creen en el gabinete sciolista, una agenda y recursos para quebrar a dirigentes que han quedado con las defensas bajas. Adelantó el gobernador que a fines de esta semana se tomará unos días de vacaciones y que todo quedará en manos de esos negociadores.

No se apartó en superficie Scioli de su estrategia; siguió con el maratón de actos con el cual llegó a la elección como si ésta no hubiera existido. Jugó el domingo al fútbol en La Ñata, su residencia, contra un combinado de exjugadores de Platense y estuvo el sábado en el recital de Ricardo Montaner en Merlo. No hubo cena -otra cábala cuando se encuentra con este cantante emblemático de sus campañas- porque el autor de «Soy feliz» viajaba esa noche rumbo a Puerto Rico. Lo comprometió antes de la partida a dos recitales masivos en el conurbano para la etapa final de la campaña de octubre y tuvo tiempo para explicar qué había pasado el domingo: es una cuestión de actitud, gané por el 50% las elecciones y al día siguiente ya estaba de nuevo en mis actos. La oposición, en cambio, se dedicó a reflexionar y a preguntarse qué había pasado. Yo trabajo -dijo- como si estuviera 20 puntos abajo mientras los demás transmiten contradicciones que no generan confianza. También adhirió a la consigna cristinista para la campaña: que nadie se envalentone, tranquilidad.

El principal quincho-hospital lo instaló la oposición en la estancia San Ceferino, cerca de Pilar, encubriéndose en una convocatoria de RAP (Red de Acción Política) una multipartidaria que intenta abarcarlo todo pero que en un 80% convoca a opositores de todos los partidos y apenas un 20% -y de significación más bien baja- del oficialismo nacional. En dos días y con el pretexto de escuchar conferencias de uruguayos (el expresidente «Cuqui» Lacalle, el senador Pedro Bordaberry) y algunos politólogos y economistas criollos como Juan Llach y Natalio Botana, buscaron su destino en un lote en el que se mezclaban los radicales Oscar Aguad, Ricardo Buryaile y Ernesto Sanz (a quien le interrumpieron la disertación al llamarlo para participar de una conferencia en el Comité Nacional de la UCR), los macristas Gabriela Michetti, Paula Bertol, Emilio Monzó, Marcos Peña, Esteban Bullrich y Fernando de Andreis; la exradical ahora binnerista Margarita Stolbizer, el arista Juan Carlos Morán, la suelta Marta Velarde, el kirchnerista Juan Manuel Urtubey y los socialistas Miguel Lifschitz y Mónica Fein (el primero le deja a la segunda la intendencia de Rosario).
Algunos tenían para festejar porque ganaron cargos y en la primaria; otros, la mayoría, intentaban dibujar algún destino alentador. Los más desolados, los radicales, algunos de los cuales apuestan a que la UCR ya fue y que esa fuerza tiene que encontrar un nuevo destino. Ese partido, tras la muerte de Raúl Alfonsín, sufre el mismo proceso que el peronismo después de la derrota de 1983, cuando parecía desaparecer pero encontró al final de esa década un nuevo líder en Carlos Menem. Ese líder no es Ricardo Alfonsín pero tampoco aparece nadie nuevo en el horizonte. Conclusión de este quincho-terapéutico: era imposible ganar para la oposición en un país en donde 1. No hay pulsión de cambio; 2. El peronismo tiene un(a) líder y sus adversarios no; y 3. El peronismo tiene el dominio de los territorios y la oposición se mueve en el universo de los medios, salvo en Capital, Santa Fe y San Luis.

Cautelosa, Cristina de Kirchner mandó a que no haya festejos exuberantes por el triunfo del domingo. Entiende que funcionó la estrategia de una campaña sin actos estridentes ni extravagancias proselitistas para alcanzar más votos de los que preveían los sondeos más optimistas. En adelante ella no se apartará de ese camino; apariciones de gestión, evitar agresiones a los adversarios que, esperable, quieren devaluar el número alcanzado en esa gran encuesta que ha sido la primaria presidencial, con denuncias de fraude que no pasan, por ahora, de quejas hospitalarias porque, es cierto, faltó la anestesia. Lo confesaba el domingo el diputado y candidato duhaldista en Buenos Aires Eduardo Amadeo en un mensaje por Twitter donde decía: «El recuento definitivo no cambiará los grandes números, pero alerta a la sociedad sobre lo que parece una metodología preparada. Vuelvo de La Plata donde cientos de voluntarios trabajan en el recuento definitivo. ¡Recuperamos cientos de votos!». O sea que su fuerza se resigna a que las diferencias entre telegramas y actas de presidencias de mesas que se van enmendando en el escrutinio definitivo no cambiarán el resultado y las diferencias que ya se conocen.

A falta de actos celebratorios, grupos del oficialismo aprovecharon algunas actividades de agenda para evaluar, sin brindis, qué había pasado. Una fue el almuerzo en la Casa Rosada que le ofreció el Gobierno a Juan Manuel Santos, en cuya sobremesa, cuando los presidentes se habían retirado, ocurrió lo más parecido a un festejo. Allí escucharon funcionarios y operadores las órdenes presidenciales que se sintetizan en este lema: tenemos los votos suficientes para ganar en octubre, son muchos, no necesitamos más, no sea -como ilustró un ingenioso puntero kirchnerista- que por exceso de entusiasmo nos plantemos el cucurucho en la frente. ¿La campaña? Que la hagan los candidatos a cargos menores -legislaturas, intendencias, gobernadores-, pero no esperen más de la fórmula presidencial, que ya ha cumplido. Eso explica el silencio de los principales operadores del kirchnerismo durante la semana, atentos a un discurso moderado para no salirse de las casillas. Después de todo, Cristina apostó todo a actos de gestión y a spots publicitarios con mensajes emotivos que, explicaron en esa sobremesa, fueron menos que los que pudo usar la oposición porque la mitad de esos avisos se asignaron en proporción al resultado de las elecciones a diputados de 2009, cuando el kirchnerismo perdió en la provincia de Buenos Aires. Esa merma hizo que los avisos fueran menos que los de la oposición. Lo mismo sufrió la dupla Alfonsín-De Narváez porque al quebrar éste la alianza con el PRO, que tuvo en 2009, perdió los segundos que pudo aportarle en este reparto, otro desacierto de esa fuerza que imaginó una suma que al final restó.
Entre risas y felicitaciones con sordina nos enteramos en esa sobremesa en la Casa de Gobierno de algunos bloopers de las elecciones, como la tragedia que pudo sobrevenir en los comicios del domingo cuando el viernes, en esa tormenta en que el día se hizo noche, una inundación de las napas rompió el piso del depósito de las urnas en el barrio de Barracas. El agua avanzó sobre las cajas de cartón que se iban a usar el domingo hasta que alguien lo advirtió y pudo salvarlas. Igual se arruinaron muchas, que pasaron la noche de ese día y el sábado, antes de ser trasladadas a las escuela, sometidas a calentadores y estufas de todo tipo para salvarlas. Si no llegaban a tiempo, reía un apoderado oficialista, no hubiera habido elecciones en Capital. Aun los más entusiasmados admitieron que también el oficialismo había sido sorprendido por el resultado: «Antes de las 18 del domingo 14 cortábamos clavos preguntándonos si llegarían al 40%; minutos más tarde, la euforia porque no había cálculo de boca de urna o de nuestros fiscales que nos diera menos del 50%», confesó uno de los ministros que está en la mesa chica de Olivos.

El entusiasmo de los kirchneristas no impidió alguna celebración a puertas cerradas como la que organizó el diputado y legislador porteño electo Juan Carlos Dante Gullo, que publicitó la prensa amiga, pero omitiendo los extremos más graciosos de la cena del martes pasado en su quincho de la calle Cachimayo, en el barrio de Caballito. Por ejemplo, que presentó dos productos que dice, no se sabe si en broma o en serio, va a comercializar (en la vida privada el «Canca» ha estado años vinculado a la publicidad) con dos marcas. Una es el agua mineral JP, y la etiqueta de la botella lleva el emblema rojinegro que portaban en el brazalete los militantes de ese sello en los años 70 para identificarse. Este producto busca mercado en el público oficialista. Para la oposición, tiene previsto otra marca, también de agua mineral: Crispación 2011. Pese a estas efusiones, el lote de kirchneristas que llenó su quincho se mantuvo en la moderación, algo que ayudó cuando las miradas se concentraron en dos invitados estrella, pero que se han sucedido en el mismo cargo, algo que siempre conlleva alguna crispación: Héctor Timerman y el su antecesor, Jorge Taiana.
Como esto ocurrió el martes, dio mucha miga la charla sobre la visita del colombiano Santos, que se mueve por la región como el mejor amigo de la Argentina, después de años de mirarse de lejos con los Kirchner. Con Néstor -nos enteramos esa noche- estuvo en alguna ocasión cenando en la casa del embajador de Colombia en la Argentina, el periodista Álvaro García -lo fue de Álvaro Uribe, sigue con Santos- y allí anudaron una amistad que, según los kirchneristas, pasó a la admiración. Eso explica que el visitante se embanderase con la Unasur -creación de Duhalde y Lula, que supo aprovechar como nadie el fallecido presidente argentino- como fórmula para que las economías de la región escapen del turbión financiero internacional. El aprendizaje no queda allí porque -se comentó en esas mesas del «Canca»- Santos le está aplicando a Uribe la misma medicina que Kirchner le aplicó a Duhalde. Todos entienden de qué se trata. También hubo preguntas -sin respuesta- sobre esa visita, como que Santos le pidió a Bruno Quintana la oficina en los altos de la sede del Jockey Club (que Quintana preside) para recibir a algunos empresarios como Gustavo Grobocopatel -rey de la soja que le debe interesar a Santos porque el 50% del territorio de su país permanece inculto- y al cafetero Martín Cabrales, por razones más entendibles.

Sí tuvo explicación la reunión a solas del colombiano con Antonio de la Rúa en una suite del Four Seasons. El hijo de Fernando y ex de Shakira mantiene con Santos una amistad de hace muchos años, desde antes que él fuera ministro de Defensa de Colombia. También es muy amigo de María Emma Mejía, presidenta de Pies Descalzos y ahora al frente de Unasur. Antonio, aparte de ser socio de Shakira y manejar toda la parte comercial de la cantante, es socio de Todd Morley en G2 Investment Group desde donde desarrollan negocios inmobiliarios en Asia y Estados Unidos. Llegó hace unas semanas a la Argentina junto con su hermano Aíto a conocer a la sexta hija de su hermana Agustina. Los dos hermanos se fueron el fin de semana largo a la chacra La Colorada en José Ignacio y mañana volarán a EE.UU. para continuar con sus obligaciones empresariales.

Que la oposición se sumiera en el análisis no vale para todos. Eduardo Duhalde, como después de las grandes jornadas, buscó un spa para encerrarse hasta mañana. Esta vez fue Vida Sana, casa administrada por los adventistas en la localidad misionera de Leandro N. Alem, a 60 kilómetros de Apóstoles, donde lo recibió su aliado, el diputado y candidato a senador Ramón Puerta. Compartieron vehículo en ese trayecto y ensayaron un análisis de la elección, más optimista de lo que ha sido hasta ahora el expresidente en público. Por ejemplo, cree que el escrutinio definitivo le permitirá subir en votos en Buenos Aires y quedará segundo en la elección por encima de Ricardo Alfonsín. Ese resultado, apostó, la dejará a Cristina de Kirchner por debajo del número mágico del 50%. No se entusiasmó con el resultado de su competidor Alberto Rodríguez Saá, de quien querría una alianza para octubre que parece una quimera tratándose de los personajes: que en los territorios en donde el puntano hizo una mejor elección, el duhaldismo baje las candidaturas a diputados nacionales para que entren los de R. Saá, y que éste resigne sus candidatos en donde le irá mejor al duhaldismo.
Esto supone replicar la estrategia radical de dedicarse el 23 de octubre a ganar bancas en el Congreso, pero Duhalde insiste en que él no se baja de las presidenciales y que él va a entrar a un balotaje. Con ese ánimo se embutió en el spa, sin responder a preguntas que le hacen los propios sobre algunos resultados, especialmente en Buenos Aires, donde hay mesas en las que no sacó ningún voto. Algunos presumen que hubo punteros que recibieron fondos para subsidiar fiscales por cada mesa, pero que redujeron ese número y se limitaron a pagar fiscales por escuela para quedarse con la diferencia. Lo mismo pudo pasar con punteros a quienes se les confió la impresión de boletas y pagaron menos de las que hacía falta, también para quedarse con la diferencia al entender que ése sería el único beneficio a sacar de esta elección. «Ése es la problema, como dicen los paraguayos», respondió Puerta, quien aseguró que a él nunca le pasó y pudo controlar su elección pagando fiscales en todas las mesas de su provincia. Astracanadas electorales que confirman que quien no controla las mesas ni puede asegurarse la impresión de las boletas no puede ganar jamás una elección, ni quizá lo merece porque es un juego para pesos pesados.

Opositor, pero con más fortuna, Mauricio Macri dedicó los condumios que acumuló a su regreso el jueves de una sigilosa vacación mediterránea, a tratar de desmarcarse del desconcierto de la raza política (oficialismo y oposición) por los números del domingo. Recorrió varias capas de la dirigencia en almuerzos y demás reuniones, pero lo más sincero se le escuchó la noche del sábado en la recoleta cena casi a solas (apenas los respectivos cónyuges como testigos) que le ofreció Gabriela Michetti en su casa de la calle Pasco. Se dijo Macri sorprendido por la contundencia de los votos, aunque el diseño del resultado aseguró preverlo por las encuestas que le habían acercado antes de viajar. Eso lo decide a insistir en que ni él ni su fuerza se pronunciarán en favor de alguno de los candidatos presidenciales, y menos ahora cuando ninguno muestra ánimo alguno de dar pelea en serio el 23 de octubre. Sólo aparecerá en algunas provincias para apoyar la chance de candidatos PRO a diputados nacionales como Córdoba, Mendoza, Entre Ríos o San Juan. Eso implicará, indirectamente, que hay un respaldo a Duhalde o a Rodríguez Saá, pero eso no saldrá nunca de su boca.
Se habló en esa cena, que se extendió hasta la madrugada del domingo, de la elección de Federico Pinedo en Capital Federal, en donde salió segundo después del kirchnerista Roberto Feletti, con el 16% de los votos sin ir colgado a ninguna boleta presidencial y sin el propio Macri que le hiciera campaña. Desplegó también su interés en cerrar alguna agenda con obras y proyectos de interés común con el Gobierno de Cristina de Kirchner a la que ya ve como reelecta, y también al armado de una red nacional que alimente un proyecto presidencial para 2015.

Michetti aportó a esto su experiencia con un grupo de interés con quien suele reunirse en quinchos secretos -que son la especialidad de esta sección, no el relato de fiestas públicas como hacen imitadores en páginas asalmonadas- y que se propone lo mismo desde una multipartidaria de contrafrente. Es un cuarteto que integra junto al radical Ernesto Sanz, el peronista Juan Manuel Urtubey y el arista Alfonso Prat Gay, a quienes les había dado otra cena el lunes anterior a las elecciones en el mismo comedor de la calle Pasco. Ese grupo busca convertirse en una mesa de atracción de iniciativas que incluyan hasta a un sector del kirchnerismo como el que representa el dual Urtubey, que juega a todos los números, y que permita un proyecto para el voto moderado en las próximas presidenciales.
Macri siguió con interés el relato de «Gaby» sobre lo que habla ese cuarteto al que querría más cerca. Con Sanz tuvo algún entendimiento cuando el senador peleaba la candidatura de su partido contra Ricardo Alfonsín, quien venció y desairó a Mauricio poniéndolo como límite de cualquier alianza para después juntarse con Francisco de Narváez, que es más conservador que él. Prat Gay funciona como un aliado principal del macrismo en el Congreso, al que aportó de manera central en el dictamen de reforma a la ley de lavado en el que trabajó Federico Pinedo. De Urtubey tiene siempre noticias por la frecuentación de algunos macristas, como Diego Santilli, con este personaje que se permite aparecer en varias películas al mismo tiempo hasta que alguien se dé cuenta.

Pinedo tiene, sin embargo, un entuerto en Santa Fe después de que dijo que la oposición debería enfilarse detrás de la candidatura presidencial del socialista Hermes Binner. En esa provincia el diputado, junto a un seleccionado de macristas, hizo campaña contra el socialismo y en favor del cómico Miguel del Sel, y debe una explicación por ese giro, lo mismo que los peronistas santafesinos Norberto Nicotra y Alejandra Vucasovich, quienes ahora acompañan ese pedido. El primero se alió al PRO por una orden de Eduardo Duhalde; la segunda por indicación de Carlos Reutemann, los dos antes adversarios de Binner. Michetti agregó el resultado del encuentro que tuvo con el intendente socialista de Rosario, Miguel Lifschitz, y la alcalde electa de esa ciudad, Mónica Fein, en la reunión del RAP en la estancia de San Ceferino el jueves, quienes le reprocharon esas incursiones macristas en Santa Fe. «Te vamos a declarar persona no grata en Rosario», le dijo el intendente, «porque fuiste a meterte en nuestro territorio». Michetti se atribuye haber contribuido a que el PRO de esa ciudad sacase tres concejales que, dice, debían ir al socialismo. Estas rispideces hacen que Santa Fe no esté por ahora en la agenda de campaña de los macristas porteños.

Un ejercicio de mortificación fue otro quincho-taller, el almuerzo del jueves en el círculo de Gendarmería que anima todas las semanas Antonio Cafiero, donde se mezclan kirchneristas y no kirchneristas, y donde esta vez sirvieron empanadas, guiso de mondongo y flan casero de postre, para escuchar al estratega oficialista Artemio López, que les explicó qué cree que pasó el domingo 14. De capa caída, los seguidores de Duhalde y Rodríguez Saá soportaron la chanza que les preparó Osvaldo Papaleo: el vino esta vez fue servido en los clásicos pingüinos enlosados, mientras junto a Guillermo Piuma -organizador operativo de estos convites- recomendaba a los derrotados: «Entreguen las armas y acérquense en fila, con los borceguíes al hombro y el DNI en la boca, a firmar la rendición. Los que se rindan rápidamente recibirán trato preferencial».
Los comensales, sin reacción, tuvieron que allanarse a escuchar enmudecidos los números y análisis de Artemio López, quien desplegó todo su histrionismo para intentar demostrar que la performance electoral de Cristina de Kirchner constituye una clásica elección del tipo peronista. Artemio señala que al fracaso de la oposición debe agregarse el fracaso de las alianzas progresistas al kirchnerismo. El acompañamiento mayoritario del progresismo que votó a Martín Sabbatella a nivel provincial, en la presidencial acompañó a Binner, incluso en Morón, tierra del hombre de Nuevo Encuentro. El kirchnerismo no es un progresismo, sino más bien un peronismo, remató. Celebro el análisis Cafiero: «Tenemos peronismo para muchos años más».

Nos enteramos, a la hora del mondongo, de que Cafiero ya terminó de redactar sus memorias «Militancia sin tiempo», que publicó Editorial Planeta. Contó que lo único que falta es el prólogo, que tiene para redactar Cristina de Kirchner. En la tapa del libro aparece Cafiero junto a Juan Perón, en una conferencia de prensa de 1972, en Puerta de Hierro, en la que el general anunció que se había entregado al Gral. Lanusse los famosos «Diez puntos» o «Condiciones mínimas para el acuerdo de reconstrucción nacional», cuyo punto 10 establecía «Consulta y acuerdo con todas las fuerzas políticas para el establecimiento de la futura ley electoral y la convocatoria a elecciones nacionales» que habían redactado el propio Cafiero y el Chango Funes.
Perón presidía la mesa y a su izquierda se ubicó López Rega. Cafiero estaba en el fondo del salón tapado por las cámaras televisivas y la numerosa concurrencia. Así lo relató Cafiero: «Perón levantó la vista, me localizó y le ordenó a López Rega: ‘Levántese’, y me invitó a sentarme en su lugar. Me presentó al auditorio como su exministro «lactante» y dijo que me había encomendado la redacción de los planes del futuro Gobierno constitucional. Las fotografías correspondientes y los dichos de Perón recorrieron varias primeras planas de los diarios del mundo. La conclusión era unánime: Perón ha presentado su candidato presidencial para las elecciones del próximo marzo». Sin embargo, la historia no fue así, y -como es sabido- Perón eligió a su entonces delegado Héctor Cámpora como candidato a la presidencia.

Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte, como nos piden nuestros lectores. Un hombre entra al consultorio de un médico y, sin decir una palabra, se sienta frente a él y sobre el escritorio coloca un papel en el que se lee: «No puedo hablar». El médico lee el papel, y le ordena al paciente:

-Muy bien; saque su pene y póngalo encima del escritorio.

El hombre, desconcertado, obedece. No bien había colocado su miembro viril sobre la mesa, el médico toma un martillo y lo golpea con toda su fuerza. El paciente grita:

-¡Aaaaaaah!

Y el médico dice:

-Muy bien, lo felicito; venga mañana y vamos a aprender la letra B.

Comentarios

Un comentario en “UNAS LINDAS CHARLITAS DE QUINCHO, Un poco larga pa mi gusto pero suculenta…preparence el cafecito

  1. pepe sanchez, las charlas de quincho no sirven para nada. lo gracioso de la persona que las redactó está en lo siguiente ¨MIEMBRO VIRIL ¨

    que pedazo de pánfilo el redactor. hubiese quedado mejor CHOTO O VERGA.pero bueno, el tipo es un castrado

    Publicado por cainagain | 28 agosto, 2011, 19:32

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